La protección de nuestros niños no puede convertirse en un tema de coyuntura ni en una oportunidad para protagonismos políticos. Cada denuncia, cada señal de alerta y cada falla en el sistema debe ser atendida con responsabilidad, pero sobre todo con soluciones concretas.
Citar a autoridades, abrir investigaciones y realizar inspecciones es parte del proceso institucional. Sin embargo, el país no necesita únicamente cuestionarios respondidos; necesita respuestas claras, reformas profundas y acciones inmediatas que fortalezcan el sistema de protección.
La niñez no puede esperar debates interminables ni discursos encendidos. Requiere decisiones firmes, revisión de las leyes vigentes si es necesario, y un compromiso real de todos los sectores para garantizar su bienestar.
Es momento de dejar la tarima y asumir la tarea más importante: proteger a quienes no pueden defenderse por sí mismos.



