Tras el Jueves Santo, este 3 de abril se conmemora el Viernes Santo, considerado el quinto día de la Semana Santa y una de las fechas más solemnes del calendario cristiano. En esta jornada se recuerda la crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret, un acontecimiento clave dentro del Triduo Pascual, que incluye también el Jueves y el Sábado Santo.
El origen de esta celebración se sitúa en la condena a muerte de Jesús por el gobernador romano Poncio Pilatos, tras proclamarse “Rey de los Judíos”. Según los Evangelios, Jesús fue azotado, coronado con espinas y obligado a cargar su cruz hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado junto a dos ladrones bajo la inscripción INRI.
Durante el Viernes Santo, las iglesias católicas, protestantes y ortodoxas conmemoran la Pasión mediante distintos actos litúrgicos, aunque la fecha puede variar entre confesiones. En la tradición católica destaca la Liturgia de la Pasión del Señor, celebrada en la tarde, en la que no se realiza la eucaristía. Además, los fieles participan en el Vía Crucis, reviviendo las 14 estaciones que recorren el camino de Jesús hacia la cruz.
El día está marcado por el recogimiento, el ayuno y la reflexión. El color litúrgico es el rojo, símbolo de la sangre derramada, y en muchas comunidades se cubren las imágenes religiosas como signo de duelo.



