Las plataformas digitales de compra y venta entre particulares se han convertido en un terreno fértil para la delincuencia. Lo que en principio representa una oportunidad para el comercio y la economía informal, se ha transformado en un espacio peligroso donde proliferan las estafas y el crimen organizado.
Cada vez son más comunes los reportes de ciudadanos que, tras publicar un artículo en línea, son contactados por supuestos compradores que pagan con dinero falso, cheques sin fondo o transferencias fraudulentas. Una vez en posesión de la mercancía, los estafadores no solo desaparecen, sino que incluso vuelven a poner los productos a la venta.
El Ministerio Público ha hecho reiteradas recomendaciones:
- Evitar concretar transacciones con personas desconocidas sin una verificación previa.
- Revisar cuidadosamente billetes y medios de pago.
- Desconfiar de cheques, que en múltiples ocasiones carecen de fondos.
- No permitir el acceso de desconocidos a residencias para entregar productos.
La situación es tan seria que incluso la Embajada de Estados Unidos en Panamá advirtió en 2024 sobre estafas relacionadas con supuestos servicios de “tramitación” de visas, realizados por personas y empresas no autorizadas. Estas prácticas ponen en riesgo tanto el dinero como los datos personales de los solicitantes.
A nivel regional, aerolíneas como Latam Colombia también alertaron sobre el incremento de estafas en la compra de tiquetes aéreos a través de canales no oficiales. Sitios web falsos, promociones inexistentes y mensajes fraudulentos en redes sociales forman parte del modus operandi de quienes buscan engañar a los usuarios.
Las cifras hablan por sí solas: en Panamá se registraron 2,541 casos de estafa en los primeros seis meses de 2024, lo que representa un aumento frente a los 2,454 casos del mismo periodo de 2023. Este repunte preocupa a las autoridades, que han tenido que reforzar sus unidades de investigación.
El auge de las estafas digitales tuvo un punto de inflexión durante la pandemia de COVID-19, cuando las redes sociales y plataformas digitales se convirtieron en el principal canal para comprar y vender. Desde entonces, la delincuencia se adaptó y perfeccionó sus métodos para engañar a miles de víctimas.
Hoy, más que nunca, es necesario avanzar hacia una regulación más estricta de las plataformas digitales de comercio, garantizando mecanismos de seguridad, trazabilidad de transacciones y mayor coordinación con las autoridades. La falta de controles no solo expone a ciudadanos comunes, sino que abre la puerta a estructuras del crimen organizado que encuentran en la virtualidad un escenario ideal para expandirse.
Panamá no puede quedarse atrás: regular es proteger, y proteger es garantizar confianza en la economía digital.



