Los hospitales públicos de Panamá se hunden en la desidia y la negligencia, y los casos recientes lo confirman con crudeza. Mientras en la Ciudad de la Salud dos recién nacidas fueron confundidas y entregadas a las madres equivocadas, en el Hospital Nicolás A. Solano un niño terminó con graves quemaduras durante una cirugía de apendicitis. Dos episodios distintos, pero con un mismo denominador: la falta de controles y la irresponsabilidad en la atención médica.
El primer caso estremeció al país el pasado 22 de agosto, cuando una bebé nacida a las 7:00 p.m. por parto normal y otra, a las 9:00 p.m. por cesárea, fueron entregadas a las madres equivocadas. La confusión se descubrió 11 horas después, obligando a las familias a depender de una prueba de ADN para saber quién era realmente la hija de quién. El padre de una de las pequeñas denunció con lágrimas en los ojos la angustia vivida, mientras la dirección médica del hospital se escuda en “protocolos de identificación” que claramente fallaron.
El segundo caso ocurrió el mismo día en el Hospital Nicolás A. Solano. Un padre denunció que su hijo, ingresado por una apendicitis, sufrió severas quemaduras durante la operación. El médico le explicó que, tras aplicar alcohol en la zona quirúrgica y usar el electrocauterio, se produjo una combustión accidental. Aunque al inicio le aseguraron que eran lesiones leves, al ver a su hijo constató que presentaba quemaduras graves en el abdomen, la espalda baja y la parte inferior del vientre, muy cerca de su zona íntima. Para colmo, el personal médico pretendía darle de alta de inmediato, a pesar de la gravedad de las heridas.
Panamá no puede seguir normalizando la negligencia médica como si fueran accidentes inevitables. Se trata de vidas humanas, de familias golpeadas por la desidia y de una población que ha perdido la confianza en un sistema de salud que debería protegerla.
Hoy, más que comunicados, el país exige investigaciones transparentes, sanciones ejemplares y cambios profundos. Porque lo que está en juego no es un trámite burocrático: es la seguridad y la dignidad de cada panameño que acude a un hospital esperando atención, no tragedias.



