Presentan proyecto de ley contra el maltrato de animales de laboratorio.

En el corazón del debate científico y ético del país, el diputado Miguel Ángel Campos, del circuito 9-1 por la coalición Vamos, ha encendido una reflexión necesaria: ¿cómo tratamos a los animales que sirven a la ciencia y a la enseñanza en Panamá?
Su anteproyecto de ley busca regular la investigación científica y la docencia, garantizando un trato digno a los animales utilizados en laboratorios. Y aunque pueda parecer un tema secundario frente a las urgencias nacionales, en realidad toca un aspecto profundo: la coherencia moral y el avance científico responsable de una nación.
Hoy Panamá carece de una normativa que regule el trato a los animales en contextos de investigación. Esta ausencia no solo deja un vacío ético, sino también una brecha científica. El país aspira a ser competitivo en biotecnología, medicina y farmacología, pero sin un marco legal claro y respetuoso de la vida animal, es imposible alinearse con los estándares internacionales que rigen la ciencia moderna.
Campos lo dijo con claridad: “Buscamos alinear el país con los estándares necesarios de la comunidad científica internacional en el trato digno hacia nuestros animales de laboratorios”. Esa afirmación no solo es un compromiso con la ciencia, sino también una llamada a la humanidad.
Instituciones como INDICASAT AIP, impulsadas por SENACYT, y múltiples laboratorios privados en áreas como la biotecnología y la salud, necesitan este tipo de legislación para dar el siguiente paso: convertir a Panamá en un país productor de conocimiento, vacunas y fármacos, en lugar de depender de la importación.
Pero más allá del desarrollo tecnológico, este proyecto nos interpela como sociedad. ¿Podemos hablar de progreso si no garantizamos compasión?
El respeto por la vida —incluso la de aquellos seres que nunca verán la luz del sol fuera de un laboratorio— es el reflejo más honesto del tipo de país que queremos construir.
Este anteproyecto de ley no solo debe verse como una iniciativa técnica, sino como una declaración ética: Panamá está listo para hacer ciencia con conciencia.
Hoy la decisión está en manos de la Comisión de Salud y, posteriormente, del Pleno de la Asamblea Nacional. Ojalá esta vez, la ciencia y la sensibilidad caminen de la mano. Porque un país que trata con dignidad a los más indefensos, es un país verdaderamente desarrollado.



